Cuento para Galita

Un día cualquiera, al salir a la acera de su casa, Gala vio a una jabalí mamá, que estaba muy, pero que muy flaca. Entonces le preguntó:

– ¿Qué te ocurre, por qué estás tan delgada?

La jabalí respondió:

– Tengo ocho crías que amamantar y en el monte ya no hay comida.

Galita, que es una niña de buen corazón, cogió un cubo lleno de bellotas y le dijo a la jabalí:

– Echa para adelante que yo te sigo, y le daremos de comer a tus hijos e hijas.

Una vez subieron  la montaña, debajo de una roca enorme, estaban todos gritado como marranos diciendo:

¡¡¡Queremos comer, queremos comer!!!

Galita, que también es una chavala valiente, les volcó el cubo y los pequeños comieron hasta saciarse. Fue entonces que la madre dijo:

– Gracias Galita por tu ayuda. Si no fuera por ti, mis crías hubieran muerto de hambre. Ha llegado el momento de presentarnos. Me llamo Dominga y éstos son los machitos: Romualdo, Abelardo, Hermenegildo y Ricardo, en tanto que las hembritas se llaman: Ceferina, Dionisia y Alejandra, aunque ahora caigo en cuenta que no le he puesto nombre a la más pequeñita, que tan solo tiene unos pocos días; pero ya sé, le pondré “Galita” en tu honor, por haberme ayudado.

Pasaron los días, las crías fueron creciendo y todas las mañanas bajaban a la calle Neptuno, dónde Gala les daba su ración de bellotas.

A la vez los pequeños se hicieron mayores, y se fueron multiplicando. Todo Olivella estaba poblada por jabalíes. Fue entonces que a Gala se le ocurrió traer una flauta para domesticarlos.

Después de comer se sentaban en círculo a escuchar la música. Entonces Inti, la hemana, se unió con una batería, tocando:

“Tachín, tachín, tachín”-.

En ese momento a un vecino se le ocurrió coger una guitarra eléctrica que le habían regalado, se puso a tocar y se dijo:

– ¿Por qué ser un trío si podemos tener un cuarteto?- Y llamó a otra vecina para que se uniera al concierto.

Aquello sonaba estupendamente, así que la nueva vecina consideró que en vez de ser un cuarteto, aquello podía ser una orquesta, por lo que llamó a otro vecino más que tomó un acordeón que hacia ruido a lata, pero no desentonaba tanto. También se agregó el conjunto de Zumba del pueblo y poco a poco, salieron todos los vecinos a la calle y se formó un fenomenal combo de pachanga.

El papá de Galita y de Inti, mientras hacía guardia en los bomberos, se inspiró y le puso letra, que dice así:

SUENEN LOS PITOS,

CANTEN LAS FLAUTAS,

TOQUEN LOS BOMBOS…

SOMOS DE OLIVELLA

¡Y HACEMOS QUILOMBO!

Moraleja: de no haber sido por la actitud solidaria de Galita, el barrio no hubiere tenido alegría…

 

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